Sin saberlo, había creado un mecanismo de defensa

Sep 4, 2018 | Historias Personales, La Confianza, La Inteligencia Creativa, La Intuición | 0 Comentarios

Sin saberlo, había creado un mecanismo de defensa que me protegió, durante un tiempo, de tomar consciencia de la suma de dolores vividos.

Desperté en una cama de hospital. Objetos fríos atados a mis extremidades y una máquina que me decía que todavía estaba respirando. 

Leo, lentamente, el cartel colocado al lado de la cama:

Usted está en el Hospital General de San Francisco. Su cabeza golpeó contra los rieles de un tren y sufrió una traumática lesión cerebral severa. Es el 20 de octubre de 2012.

La confusión comienza … “¿qué año se suponía que debía ser?  Ni siquiera puedo recordar el día en que nací”.

Los meses que siguieron continuaron con un patrón similar: letargo, desconcierto e inmovilizada. 

Mis neuronas magulladas luchaban para conectarse, pero no podían transportar los comandos deseados a mi cuerpo. 

Mi cerebro estaba en constante sobrecarga y, como una computadora con problemas de memoria tratando de manejar demasiada información, se estrelló y colapsó. 

Todo era abrumante.

Aquellos meses, después del accidente, fueron de recuperación y re-aprendizaje. El miedo predominante era que no volviera a ser la persona de antes.  

Recuerdo el día que rompí a llorar por frustración. Conversando con mi prima por teléfono, le pregunté sobre mi tía Gata. 

“Tía Gata murió”, me contestó, tristemente: 

Dolida y enfadada, respondí: “¿Por qué nadie me avisó?” 

“Margarita, estabas en el funeral”, respondió, pacientemente. 

El silencio me embargó. ¿Qué podía decir? Quise arrastrarme hacia los rincones más profundos y oscuros de mi ser, y desaparecer.

En un corto lapso de 20 años, había enfrentado once veces la posibilidad de muerte y, de manera absurda, este hecho, indiscutible, no quedó registrado.

Había ideado una estrategia llamada mecanismo de defensa elaborado. Significaba que podía trivializar, incluso, los momentos más aterradores, dolorosos, peligrosos, deshumanizantes y desesperados, como insignificantes y, seguir adelante. 

Lo que implicaba que cada momento era una experiencia aislada, indigna de mi atención.

El día que descubrí que el patrón era yo 

Cuando llegó el “insight”, la verdad oculta, lo sentí como un balde de agua helada sobre mi cabeza herida. 

Existía un significado más profundo, una conexión entre estos acontecimientos, como una corriente invisible.

Simplemente dicho: YO SOY EL PATRÓN.

Más allá del mundo de las justificaciones, las excusas, las explicaciones y la culpa externa, hay un mundo más veraz y crudo, que nos presenta la realidad tal como es.

Fue en ese momento cuando reconocí que no quería volver a ser la persona indiferente, llena de mecanismos de autodefensa, que era antes. 

A medida que el miedo se desvaneció, fue reemplazado por la emoción asombrosa de una nueva oportunidad. 

A través de esta nueva conciencia, comencé la desafiante reconstrucción de mí misma y me llegó esta comprensión:

“Nunca tengas miedo de desmoronarte. Esta es la oportunidad de reconstruirte, como siempre lo deseaste.”

Ahora, puedo mirar atrás y sentir una inmensa gratitud por la experiencia, a pesar del enorme desafío que tuve que atravesar. 

Existió, porque necesitaba aprender algo fundamental sobre mí misma, que ahora pienso que salvó mi vida. 

Sin embargo, me lleva a plantear la siguiente pregunta:

¿Tenemos que esperar a que el universo nos golpee brutalmente en la cabeza con un martillo cósmico, para obligarnos a despertar?

Mi intuición me dice ¡no!

Para cambiar, conscientemente, nuestras vidas no es necesario tocar fondo, por el agotamiento del estrés, por ser despedidos, por el divorcio, el cáncer, o la muerte de un ser querido 

Podemos decidir abrir los ojos ¡ya!

Mirar hacia dentro, cavar profundo y surgir más fuertes, más sabios y rejuvenecidos que antes. 

Por Margarita Pareja-Stoyell, M.A. en Resolución de conflicto, M.A. en Psicología transpersonal e integral, Coach integral.

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