Llanto de Alquimia

Dic 14, 2020 | Historias Personales, La Trascendencia | 0 Comentarios

LLANTO DE ALQUIMIA

Fijé la mirada hacia el horizonte y me dediqué a llorar.

Conoces el llanto mercuriano del alma:

profundo, intenso, interno abismo

condensado y sublimado.

Yacen del inconsciente, un par de gotas azufradas

dejando huellas amarillas en mis mejillas,

recuerdos de la erupción de mi volcán primitivo.

Saborean saladas, una bella alquimia de NOSTALGIA.

Me extraño.

Reconozco mi cotidiana ausencia,

al perderme en la desértica egipcia

de mi propia mente.

Envolvente alquimia de MELANCOLÍA.

Te extraño.

Recuerdo el éxtasis de nadar en un océano uterino.

El eco de las olas retumban en mi caverna torácica como

invocación para regresar a casa.

Vertiginosa alquimia de INMENSIDAD.

Insostenible, me sobrepasa.

Respiro el espíritu,

el órgano en mi pecho se ensancha y revienta.

Ni ciencia ni filosofía

explica esta abrumadora condición.

Nadie imaginó que la condensación

de este amor alcanzaría este intenso dolor.

Sagrada alquimia de GRATITUD.

Incrédula, todavía no me lo digiero.

¿Cómo puede existir un momento tan perfecto?

Un vuelo de aves tan métricamente preciso,

el oro que brilla un rayo exacto

inquietando hasta el mismísimo ateo,

una brisa tan elegante

que acaricia mi rostro con pañuelo,

los cuatro elementos,

inmiscuyendo en perfecta armonía,

y un mar cautivante

conspirado por la más grandiosa alquimista

que con alambique destila y perfecciona

inexplicables colores que hipnotizan.

Escucho un murmullo: fluido, orgánico, inevitable

que riega de mis labios un GRACIAS.

Mantengo fija la mirada hacia el horizonte y me dedico a llorar.

Hace mucho que me observas,

posado sobre aquel árbol alto,

flaco y desnudo: estructura que espeja mi fragilidad.

Quieta. Quietica. Ave blanquita,

arquetípica simbología de mi acto de purificar

respetuosamente examinas mi danzante movimiento de meditar.

No te miro, pero te percibo.

Te escucho, pero no te discierno.

Hasta que transmuto y trasciendo.

Me limpio, me silencio.

Me envuelvo y me pierdo.

Me entrego a la química mística

de mi inconsciente hemisferio.

¿Cómo es que ahora escucho y entiendo

la alegoría del lenguaje de tu metafórico canturreo?

Me orientas abrir la puerta de la jaula incrustada en mi cavidad.

Con pájaros encerrados proclamando su libertad.

Haz dilucido la fuente de mi lamentar.

Mantengo fija la mirada hacia el horizonte y me dedico a llorar.

He descubierto que son las gaviotas

que vuelan aliviadas de mi pecho abierto,

y el llanto profundo de mi corazón expuesto:

la única farmacia cuyo adepto dispone de este poderoso remedio.

Santuario desalojado y desempolvado,

alumbrando y resucitando los espacios opacados

preparo el advenimiento de ella Venus.

Llega embriagada y exaltada.

Me sorprendo,

todavía ni comienza el festejo.

Como premonición del enloquecimiento,

suelto el gobierno de mi terreno y me entrego

a la insondable alquimia que vislumbra a fénix en ascenso.

Entrañable e inevitable vuelo de LIBERTAD.

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